viernes, 14 de diciembre de 2018

#Putanosenace

Me gusta este título. Duele. Molesta. Cuando lo vio Luz  (8 años), esto dijo:

- ¡Pero mamá! ¿tú has escrito este libro? ¿Con esta palabrota?


- Lo ha escrito Karmele Marchante. Yo he puesto la editorial LoQueNoExiste a su servicio para que muchas personas puedan leerlo en Navidad. 



Explico a mi hija que Puta no se nace es un libro a favor de la libertad de las niñas y las mujeres; que ninguna mujer ha nacido para ser esclava; y dejo la conversación pendiente… porque voy a la monumental sede de Casa de Cantabria en Madrid, este jueves 13 de noviembre. Allí me esperan mi Dani (24) y mi Pablo (casi 20), que parecen orgullosos de hacerse la foto con la autora y de asistir a la presentación de este nuevo título que lanzo con mi equipo Medialuna y LoQueNoExiste.

La autora dice "basta ya" a aquellos que creen que ser puta es un trabajo como otro cualquiera. Yo también.

Karmele Marchante censura a quienes creen que las mujeres prostituidas escogen libremente su destino, ganan mucho dinero o están encantadas con vender su cuerpo una media de 20 veces al día a hombres desconocidos porque es mejor que limpiar escaleras. “La prostitución existe porque los varones compran el sexo de las mujeres pobres”, reza en su libro.

He descubierto a la Karmele Marchante feminista, abolicionista, a la periodista aguerrida que piensa cómo recuperar la dignidad. Gracias, autora, por viajar hasta Nigeria para narrar las vidas de mujeres que escaparon del infierno de la trata que les trae a Europa. Gracias, Karmele, por acercarme a los campos de refugiados del triángulo Calais-Dunkerque-Bruselas, a esa “jungla” donde la prostitución hunde a las mujeres migrantes. Gracias, por hablar tan claro: 


- “Los putómanos son putómanos donde sea y como sea. Ricos y pobres todos pagan (…) cinco euros por polla y cuerpo comprado”. Escribes verdades que deberían ser mentiras. 

Anoche compartí mesa con tu valentía, querida Karmele Marchante; con la sensibilidad de Manuela Carmela, con la avidez intelectual de Cristina Almeida, con el conocimiento de María José Barahona, y con la pasión feminista de Nuria Coronado, gran editora del #talentofemenino. También, desde la distancia, nos acompañó Nuria Varela, escritora del epílogo y cientos de seguidoras y seguidores a la retransmisión en directo mediante Facebook Live que realizó Mario Valera.

Sentí el aprecio de amigas especiales, como la arquitecta Marta Cao; la coach y autora de You can do it!, Helena Kurcáb; la empresaria inmobiliaria, Raquel Pérez; y agradeceré siempre la hospitalidad de Isabel Ferre; de Carmen Ruiz, vicepresidenta primera de Casa Cantabria en Madrid y de Teresa Durán. ¡Cuánta sororidad! Dejo mis fotos más íntimas. @MPpescador







martes, 4 de diciembre de 2018

No te arrugues


Confianza. La busco debajo del miedo. Creo sin certeza alguna ni evidencia. Confío ¿En quién? En mí. Si confío en mí, también lo haré en ti y viceversa. Es mi conclusión: La confianza es el arma poderosa en la empresa y en la vida; sin ella me lleno de angustia y las facturas no llegan.

Si me cuestiono hasta el punto de sentirme incapaz, ¿cómo transmitir confianza? He comprendido la fórmula; me he trabajado la infancia y todas mis pequeñas miradas, las más bajas. A menudo, entre soplo y soplo de vida, me reseteo para que no se me olvide la ilusión por crecer, por seguir, por contratar talentos, por impulsar LoQueNoExiste y Medialuna como esa pareja perfecta y bien avenida que merezco.

Desde hace tiempo, estoy en ese creer de ser incondicional a mí misma. En realidad, eso es confianza: pensar que sí puedo, aunque no haya ni señales de tierra firme, y el barco se balancee en un mar de marejada y vientos.

Ha sido un año, este jodido 2018, como todos los jodidos años: lleno de idas y venidas. Lo que pensé que sería no fue y, a pesar de todo, me crecí en la esperanza. Desde lo más profundo, me celebro. He ganado fe en cada decepción y agradecimiento en todos los nuevos contratos . Me he convertido en roca para esquivar cualquier ola. Guardo la mayoría de errores en el cajón de mis lecciones aprendidas. Otros, posiblemente los más grandes, los he tirado al olvido para aligerarme de culpas
- “Estás como una cabra”, me han recitado este mes con amorosa espontaneidad.

Me gustan los más sinceros y, sobre todo, las más sinceras de mi entorno; esas que no esconden sus verdades ni juegan al doble lenguaje. Me gustan las personas sin sinónimos, las que pueden llamarme cabra. Si serlo significa confiar, elijo echarme al monte.

- “No te arrugues”, me digo también a menudo.

Esta frase me llega con viento fresco desde lo más alto, donde guardo los sueños de prosperidad de mis padres. Me suena a música celestial, como una canción que tararea siempre el mismo estribillo: “No te arrugues, sigue, adelante, atraviesa más fuegos sin quemarte, pisa todos los cristales rotos, de frente, desnuda en tu propia desnudez, con tu fe en Dios como único escudo”.

Así, mientras me canto mi propia letra en la intimidad,  me veo frente a un limonero y a una fuente, rebosante de esperanza, afortunada.