miércoles, 16 de mayo de 2018

Por qué cuento intimidades en este blog

Me da la gana. Aspiro a escurrirme de etiquetas relativas al tamaño, la edad sentimental, el grosor de la facturación o el tipo de empresaria o de mujer. ¿Cuántos sois en Medialuna? ¿Qué clase de libros editas en LoQueNoExiste? ¿Son hijos del mismo padre? "

"Conviene vivir con unas cuantas respuestas; hacerse pocas preguntas" me advirtió recientemente mi amigo psiquiatra, Francisco Alonso Fernández. Estoy bastante de acuerdo, Paco; conviene cuidarse de la vida. Es demasiado misteriosa.

"Lo esencial del carnaval no es ponerse la careta sino quitarse la máscara". Lo sé. A menudo, observo con curiosidad personas camufladas en uniformes de trabajo, vestidas de títulos nobiliarios o cargos diversos. A menudo, me paro a imaginar qué esconden detrás, en lo hondo de sus corazones. En cada uno me veo yo, queriendo ser lo más yo posible, sin slogans.

Este blog es un espacio en el que pienso de estas cuestiones. Tal vez, pronto, lo deje colgado en la nube sin enlace a Medialuna o a la página de LoQueNoExiste. Me consta que es cada vez más confidencial y- aunque esté convencida de que todos en esencia somos iguales y que hablar de mi significa hablar de ti, de él o de ella;- conviene ser prudente. ¿o no?

Esta noche de San Isidro navego como tantas en las profundidades de mi vida. Asusta, la vida. Por eso, de vez en cuando, me alegro de tener caretas a mano y de salir a la calle a ejercer de eso que todos esperan: de empresaria, de madre, de trabajadora, de ama de casa, de editora. Es tranquilizador tener un uniforme de faena para andar por el mundo.

Escribo para entenderme. Pura necesidad. Aunque narre vidas ajenas, siempre me cuento a mi misma. Lo que interpreto, escribo o veo en otra persona no es más que mi propio reflejo; así que para qué me voy a andar con disimulos. Prefiero usar este blog como un diario para conocerme.

Esta noche estoy pensando en el abuelo Valentín. Es el abuelo que todos quisiéramos tener; ese que te cuenta historias que empoderan; con las que duermes seguro, esperanzado.  Los cuentos del Abuelo Valentín no se parecen en nada a los del hombre del saco. ¡Cuánta crueldad!

Estoy orgullosa de ejercer como editora con este extraordinario ser humano. El próximo 26 de mayo, a las doce de la mañana, presento su libro de cuentos infantiles en el centro Cultural de Sanchinarro. Quiero llenar el auditorio de niños, padres y amigos dispuestos a escuchar los cuentos que todos merecemos escuchar: esenciales, humanos, auténticos.

Los cuentos del abuelo Valentín son como él: naturales, valientes y están ilustrados por la pintora Marta Cáceres, la mamá de Olaya, amiga de mi hija Luz. Me gusta esta foto, estoy con el abuelo Valentín y con Carolina Orihuela firmando el contrato de la editorial. Un momento emocionante para todos.

Os dejo aquí la invitación para que traigáis a todos los niños posibles (entrada gratuita) el próximo 26 de mayo. Mi nuevo autor fue tornero toda su vida y se hizo cuenta cuentos al jubilarse, solo por amor a los niños. El abuelo Valentín es ya un gran escritor que ha cumplido su sueño de ver editados sus cuentos por una editorial. Es, también, el niño que nunca dejó de ser. Puro amor.


martes, 8 de mayo de 2018

Qué queremos las feministas


Emocionante momento. Foto de este martes ocho de mayo en la agencia Medialuna: Retrata el recibimiento del libro recién impreso de Isabel Mastrodoménico, Las feministas queremos (loQueNoexiste). Huele a papel de liar, a compañerismo, a esperanza. Es un libro alegre, morado, entre sonriente y serio, con doce respuestas claras. Es la verdad contada para todos: hombres y mujeres de cualquier edad y condición. El feminismo, tal cual, como expresión de libertad y de vida. ¿Qué queremos las feministas? Pues ni más ni menos. Ni menos ni más: brillar, como tú, como yo, para eso hemos nacido.

Cada vez que abrimos la caja de un nuevo libro LoQueNoExiste, en especial si es de la colección Talento femenino, siento que hasta los disgustos tienen sentido. Cada título de esta colección del empoderamiento es una esperanza, una oportunidad vital para entenderme. Sigo creyendo que las palabras pueden mejorar una vida o matarla. Soy mi verbo, lo que digo y lo que callo. Pronto, este precioso libro, prologado por Nuria Varela e ilustrado por Mónica Rivas, estará en boca de muchos, para entender que el feminismo es sentido común; que las feministas queremos "que se respeten nuestros Derechos Humanos".

Gracias infinitas a nuestra autora, Isabel Mastrodoménico y a todo el equipo de Medialuna y de LoQueNoExiste por hacerlo posible. Nos hemos emocionado al abrir las primeras cajas que irán con destino a las librerías esta semana.
https://lanzamiento.medialunacom.es/las-feministas-queremos/


miércoles, 2 de mayo de 2018

Como fuera de casa en ninguna parte

“Llego a pensar que sería un buen sistema de vida no tener domicilio, vivir en cualquier lugar del
Mis hijos mirando París desde la Torre Eiffel
mundo. Tener una casa es como una prolongación del pasado: las emociones de ayer la tapizan. Pero cortando sin cesar detrás de mí, quiero que cada mañana la vida me parezca nueva, y que todas las cosas sean un principio”. Así pensaba, al principio, el escritor y periodista francés, Maurice Barrès. Lejos de considerarlo una referencia moral (fue un antisemita militante y precursor del nacionalismo) rescato solo su pensamiento de juventud, en este largo puente de mayo, en el que toca volver a la rutina del hogar, el trabajo y las tareas de Medialuna. 

No sé cómo ha caído en mis manos un impresionante ensayo histórico El sigo de los intelectuales (Michel Winock), justo a mi vuelta de París, que me ha reafirmado en mi idea: como fuera de casa en ninguna parte y no siempre volver es un acierto.

Dudo si estos días de descanso me han relajado el ánimo o al contrario. En París, me han surgido preguntas: ¿cómo sería mi vida si no volviera a Madrid? ¿Qué voy a hacer con el resto de mis años? ¿Cuál es mi próxima parada? Viviré el día a día como siempre, sin demasiadas preguntas, con algunas respuestas. ES más sano.

Cada diez años deberíamos- a modo de prueba vital- cambiar de todo. Lo de todo lo digo sin remilgos: de casa, de madre, de trabajo, de hijos, de pareja e incluso de amigos. Tal vez te preguntes, ¿Tan mal te sientes que deseas largarte del todo o de todos? Te consuelo: No. Me ocurre que ando convencida de que la vida es algo más que los apegos cotidianos; que conviene alejarse para apreciar; perder para poseer; carecer para sentirse después rica; vivir la ausencia para alegrarse de la presencia. A menudo, cuando estoy en el mismo lugar, no me veo ni yo misma. Ni siquiera me pienso.

París está lleno de pasado. También, lleno de miedos, de colas de cinco horas, de militares preparados para asaltar a cualquier terrorista en plena calle. París está lleno de vida, de marketing turístico, de belleza, de euros, de cafés caros, de turistas japoneses y españoles; de enormes monumentos propios de grandes visionarios políticos empoderados. ¿A quién se le ocurrió hacer los campos Elíseos? Impresionante la magnitud y la grandeza de algunos gobernantes. Solo por el tamaño, París merece todos los aplausos.

No me hubiera quedado allí, pero hubiese sido emocionante estirar el puente, hacerlo acueducto, carretera, monumento a la vagancia, al no me da la gana volver; al como en fuera de casa en ninguna parte; al me sobran todos los pasados y solo me importa vivir.