jueves, 26 de abril de 2018

Tiempo de silencio, de duelo

Siento un dolor profundo. Huyo de mis vecinas. No quiero que nadie me pregunte por mi muerto o trate de averiguar cómo estoy. La curiosidad ajena, cuando sufro, es como una estaca en plena nuca. Solo quiero mi silencio; que nadie me recuerde el muerto. En este duelo prefiero evitar el contacto humano; solo me alivia el mar o mirar al cielo, o las flores de mi propia ventana.

Sé que es un proceso pasajero, que mi herida requiere tratamiento; que lo humano es, precisamente, que duela el daño. En este abril, me encuentro entre la rabia y la tristeza.

La rabia me agita recuerdos tremebundos, de soledad compartida, de falta de entendimiento. Quiero alejarme de ella, correr a un cuarto oscuro; poner a raya esta corrosiva amenaza. La rabia del que se siente herido es demasiado dañina; me enferma, me maltrata. Sé que a ti, Cristina Cifuentes, te ha acuchillado la rabia de algún dañado; el odio del algún echado o desplazado.

Un proceso de crecimiento
La tristeza, sin embargo, me dice que todo pasó, que pude vaciar mi mochila de piedras pesadas; que puedo caminar ligera; que salí de aquel agujero; que me quedé con lo puesto; que todo pasó, como un ciclón, un tornado o una angustia travesía. A la tristeza le digo:

"Todo irá bien. Pronto dejaré de sentir esa presión en el centro del estómago; respiraré hondo sin Lexatil; dormiré sin que nadie me robe el sueño".

La tristeza es, precisamente, la compañera que me anuncia que estoy viva; que mi herida, aunque duela, está dejando de sangrar. Pronto, solo veré la cicatriz que me revele alguna lección magistral. Todo lo he creado en el fondo de mi corazón para aprender a vivir.

Si no sintiera esta tristeza, probablemente, estaría preocupada. Si algo me distingue de las plantas es, precisamente, mi tristeza. ¿Acaso no es el sentimiento un don poderoso para amar? Lo ha sido en todos los ámbito de mi vida: La empresa Medialuna, la editorial LoQueNoExiste, y también en mi propia casa.

Es Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos, de amor en cólera; de decepción y, también, sobre todo, ante todo, por encima de toda circunstancia, es tiempo de esperanza. Me siento herida, derrotada, golpeada, incomprendida, pillada infraganti, acusada, y, en el fondo de mi alma aunque aún no logre verlo, agradecida por cada una de las heridas. Todas curan, todas son lecciones aprendidas.

Solo creo en las personas
Aprendo de mi duelo. No quiero recrearme, que nadie me pregunte. Sin embargo, pido respeto, silencio. Cristina, gracias por haber bajado el precio de la tarjeta bono transporte a mis hijos; por hacer que mi familia numerosa viaje en metro más barato. Me has dado muchas alegrías. Confiaba en ti. Pensaba que eras algo divina. Hoy, sé que solo eres humana, que pecas con conciencia o sin ella.

Siento tristeza, rabia y quiero que pase pronto este duelo. Es un proceso de pérdida. Que tire la última piedra el que no sea humano. Yo no lo haré. Solo creo en las personas que son humanas. Creo en ellas más que en las plantas. 
@MPPescador



viernes, 13 de abril de 2018

Marta Araujo, la reina de la moda deportiva

LLueve. Me acuerdo de Marta Araujo. 

Es una noche de espejos. Cada persona que aparece es un espejo en el que me miro. Te veo, con 23 años, tan rubia, tan esplendorosa, con cara de anuncio de jabón, con alma de campeona olímpica, y me retrato en mi propia aspiración: hacer de mi vida un sueño. 

Me compro tus pantalones en www.cavirosport.com, este espacio que acabas de lanzar con tanto esmero. Están llenos de color, de mariposas amarillas, de sueños, de noches desveladas, y me imagino con ellos bailando un despacito, con la música bien alta; olvidándome de todo menos de que estoy viva.

Siempre quise bailar, mover con poderío el cuerpo. Durante muchas noches juveniles, tuve sueños en los que volaba por encima de las casas y de las gentes. Te veo y me reconozco con 23 años, tan emprendedora y tan mujer. Aunque, me aventajas: eres más segura, menos frágil. Tu infancia está repleta de campeonatos de gimnasia artística, de victorias y de batallas afectivas. Tu infancia es más infancia que la mía. Intuyo en tu mirada alegrías, hermanos, confianza, admiración. Eres la pequeña de la casa y, al mismo tiempo, la grande. Los ojos del padre, el regalo de la madre.

Aunque sumas solo dos décadas, tienes la sabiduría de los que han sufrido y han amado. ¿Se puede nacer sabia? Tu Caviró Sport es pura inteligencia y astucia: El mundo deportivo se llena contigo de moda, de estilo, de prendas que acarician marcadas con etiquetas que hablan de libertad, de poder sin límites de superación, de valentía. Todas hablan de ti. Tu moda deportiva son motivos florales, mar de Jamaica, vuelos de aves africanas. En resumen, tus creaciones son tú: color, luz, energía; sonrisas y lágrimas. 

- "Mercedes, el primer día de lanzamiento he llorado", confiesas.

Lo entiendo. A mi, me ocurre lo mismo: pongo el alma en una causa y me juego la vida en el intento.

Este vídeo, grabado en las instalaciones de Medialuna, me encanta. No quiero perderte de vista. Tu energía me inspira.

Escribo este texto con cierta dificultad, a las dos de la madrugada de un viernes trece. Lo hago al terminar una cena en casa con cuatro amigos. Nos hemos bebido la botella de vino ecológico traída por Jaime Estévez, fundador de Agora news y realizador este vídeo; la botella de vino chileno de Mari Luz Parras, maestra de la voz en los talleres #sinvergüenza; y, también, la botella de rioja de Deborah Scappini, la italiana que se busca a sí misma para encontrar a otros; la amiga espontánea que cree no saber nada sabiéndolo casi todo. Nos lo hemos bebido todo en esta cena para hablar de comunicación.

miércoles, 4 de abril de 2018

Hablo siempre en primera persona

Hace tiempo que hablo solo en primera persona del singular.

 Al contrario de los predicadores, políticos, médicos o consultores estratégicos; el centro de todos mis escritos, recomendaciones profesionales, artículos o reflexiones, soy yo y nadie más que yo. Lo decidí cuando estrené este blog en la web de Medialuna, que se ha convertido en una especie de terapia, de catarata de sinceridad. En la sinceridad, por cierto, no creo. Resulta bastante inútil en el mundo de los negocios y muy inconveniente en las distancias cortas, donde los defectos se agigantan.

No. Desde que he madurado, no suelo decir todas las verdades ni expresar todo lo que siento. Así, callando, me aseguro de no tener que mentir con la excusa de parecer piadosa o amable. La mentira es, precisamente, el tropiezo en el que cae el exceso de franqueza. Desde que soy consciente, observo y elijo las palabras porque no me gusta la mentira. Prefiero la valentía.

En este blog, sin embargo,  no sé por qué, me desahogo, confieso intimidades y derrocho palabras que me salen del alma sin medida. Cuento mis verdades más íntimas, procurando, tan solo, cuidar la intimidad de mis seres cercanos. A veces, tengo tentaciones de hablar en segunda persona; de contar dificultades superadas a fuerza de fe y de sinrazón: adolescencia, separaciones, maternidad, muerte, miedo al fracaso, ansiedad, madurez, sentimiento de abandono, soledad, soledad, más soledad. Y, sin embargo, sigo mi texto adornado en primera persona para evitar que la cascada de sinceridad se convierta en un valle de lamentos.

Soy mi propio lenguaje, lo que me digo y lo que omito

Soy la única que puede escribir estas palabras preciosas aquí: fuerza, capacidad, talento, ideas visionarias, intuición, amor, confianza, amor, más amor. Soy mi lenguaje, mi propia narrativa. ¿qué me estoy contando? ¿qué me omito? Yo genero mis respuestas. Voy repensar mi comunicación, a cuidar las palabras que me lanzo, mis propios pensamientos.

En este blog, he llorado narrándome. Me siento vulnerable, especialmente esta noche de abril. Entiendo mi propia humanidad. Si yo me lloro, también te lloro a ti. Escribo con este único propósito: sentirme bien, conocerme, perdonarme, sonreír ¿A tu edad te haces la pregunta de quién eres? Sí. No me importa haber tardado. Es una respuesta variable, interminable, infinita, divina; depende de la estación del año. Sé que YO soy TÚ y que tú eres también mi espejo. ¿Cómo me estoy narrando a mi misma? De esta única respuesta depende todo ser completo.

Es un poco tarde. Mañana seguiré escribiendo. Empiezo a entenderlo. Tú, cliente, amigo, desconocido, hijo, bloguero, diputado, vecino, autor de Cien años de soledad, autora de Las Reglas del olvido, de Comunicación en cuatro pasos, de Mujer, poder y dinero, de Entre diversidad y fragmentación, de Hombres por la igualdad, eres, también, esta misma primera persona del singular. Estamos conectados. 
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lunes, 2 de abril de 2018

El balance de mi empresa depende de mi miedo

¿Cómo logro el éxito en mi negocio? Desde mi propia pyme, entiendo el éxito así: “facturo lo suficiente como para pagar siempre, seguir contratando siempre, retener el talento siempre, y tener una reputación profesional consistente siempre”. La respuesta clave es “con confianza”, algo que puedo obtener con una comunicación interna y externa efectivas.


Entiendo la comunicación interna como la relación que mantengo conmigo misma; es decir, mi propio discurso íntimo. Lo que me digo  en la intimidad: “Lo estoy haciendo bien, soy un desastre, puedo conseguirlo, visualizo la meta o la derrota, me veo capaz o impotente…”. Dependiendo de las noches o las mañanas, el discurso se balancea y así van las cuentas de la vida, arriba o abajo, dependiendo del ánimo, de ese hilo de confianza que nos lleva.

Entiendo por comunicación externa el diálogo silencioso o ruidoso que entablo con esos otros seres humanos que me rodean y que son espejos de mi misma: empleados, clientes, potenciales clientes, hijos, maridos, ex maridos, hermanas o madre. Todos, sin excepción, se encuentran en mi universo. Todos son yo. Su comunicación es la mía.

Este convencimiento me llevó, en 2014 a desarrollar el método de comunicación Sin vergüenza. Descubrí la perla que influye tan positivamente en la cuenta de resultados: La confianza en mí misma. “Conócete a ti misma, sé tú mejor aliada. Date permiso para ser tú”. Así surgió este método, como una vía para combatir mi propio miedo y ofrecer confianza en mi entorno.