viernes, 2 de marzo de 2018

Nunca seré tu amante

Tal vez, como a mí, te han lanzado este mensaje, en forma de despedida, una noche inesperada de confesiones e intimidad


- "Este es nuestro secreto, ¿verdad?”

Tal vez, como yo, te has quedado sin respuesta, fingiendo no haber oído la pregunta; en actitud de consuelo:

- No temas, no te delataré. Nunca seré tu amante.

Sé que me estás leyendo. Me sigues en silencio. He guardado a fuego tu mensaje de cautiverio, de temor sentimental, de miedo a la desnudez de un exceso.

-Este es nuestro secreto ¿verdad?, insistes en preguntar.

Tu pregunta me conmueve. Te siento en cada letra con el dolor de una verdad incierta; temeroso de Dios o de la madre, o de la esposa.

Te siento cautivo de un amor escondido, sin rutina ni desmanes; sin deseos ya cumplidos; te noto inquieto por querer tenerlo todo o, quién sabe, por perderlo.

- No temas. Guardaré tu secreto. Nunca seré tu amante. Ni me mereces, ni te merezco.

Te quiero libre de amores o de secretos inciertos; te quiero sin cautiverio. Me alejo, me alejo, me protejo.

Sé que los amantes cautivos traen la perversidad; que el amor no se parece en nada a un secreto; que para amar, no hay que callar.

Sé que mi amor verdadero será todo sincero, que gritará al viento, la frase de aquel maestro:

-“Desde que te conozco no te pareces a nadie”, ni siquiera al viento.

Tus cinco palabras pusieron punto y final a una noche de invierno. Guardaré tu osadía detrás de las cortinas del desencanto.

Fue una noche distinta. Has de saber, sin embargo, que tu secreto no es nuestro; ni siquiera es mío sino solo tuyo. Mi secreto duerme en otro lugar, es cristalino.

Soy tan libre como el mar cantábrico. No te pertenezco, ni quiero tu cautiverio. Amo la libertad, me crezco en la confianza. Lee el lema de mi propia empresa (en la foto).

Duerme tranquilo, amigo, adiós le he dicho a lo nuestro, que nunca empezó ni fue más que una noche de invierno.

Sabes que solo escribo de sentimientos; que pongo palabras a los momentos; que necesito escribir  para entenderlos. A menudo, también, escribo para curarme las heridas, para seguir viviendo. Ahora me entiendo, te entiendo; lo siento.

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