lunes, 29 de enero de 2018

Cuidado con las palabras

Con Luz firmando mi libro, Comunicación en cuatro pasos
Sigo escribiendo para que ni siquiera tú me leas. Es un impulso espontáneo. Sin medida de palabras ni de tiempo. Escribo en horas imprevistas, en esas en las que se me rompe el alma y necesito recomponerme. Así lo hice cuando mi padre ‎caminaba hacia su muerte. Aquella noche de invierno, tenía un lápiz y una servilleta de papel en el bolso, y las frases me salían sin pensarlas, al son de su respiración definitiva. "Naciste el 8 de junio de 1936 en un barrio pobre". Fue, aquel escribir, un dictado desde el alma.

No sé cómo pude describirte con tanta precisión en esa carta, que sigue intacta en mi memoria como una lápida esculpida de palabras.

- “Nunca olvidaré tu último verano”.

Han pasado más de diecisiete años y podría leer las mismas líneas sin mirarlas. Escribir, digo yo, es mi propia terapia. Mientras lo hago, la jauría de ideas y de pensamientos en la que a veces me siento atrapada se me silencia. Mientras escribo, habla mi alma, el mundo calla.

Me consuela pensar que algún día seré solo palabras, que me convertiré en una sucesión de frases y de escritos que caerán en la noche cálida sobre alguna almohada en forma de caricia. Deseo cuidar enormemente mis palabras. Decir las justas. Callar las máximas. Dejar que otras entren en mi cama.

Estoy en una encrucijada. A veces, se me enganchan solo palabras dolorosas que me magullan de nuevo y peleo y peleo para alejarlas. No siempre lo consigo. A menudo, me lastiman las palabras, sobre todo las no pronunciadas; esas que esperas la vida entera; esas que deseas hasta la madrugada. Algunas palabras malas, se me han quedado engatilladas, encerradas en el desván oscuro de un dolor incomprendido.

Estoy dando un tiempo a mis palabras, creándome un espacio de silencio, un tiempo de callada. Me extraña esa manera mía tan nueva de ser. Antes, hasta hace poco tiempo, solo quería palabras y palabras; y hablaba y hablaba buscando alguna calma.

- ¿Antes de qué o de quién?

- Antes de aquella dedicatoria amada, de aquellas palabras falsas.

 Ahora solo quiero mis palabras para que sean precisas, como la carta de despedida que me salió del alma. Quiero palabras recién creadas, nunca antes pronunciadas, quiero que se me enamore el alma.

Seguro que Pablo Neruda‎ escribió Doce poemas de amor y una canción desesperada solo para su amada. Quiero asegurarme de que nadie me roba las palabras, tan mías, tan precisas, tan curativas. No hay mayor dolor que la palabra ausente, las repetidas o duplicadas, esas que no te salen del alma; sin destinatario cierto.
Las palabras dolorosas, las duplicadas, han de quedarse guardas, para no dañar ningún alma. Hoy, prefiero quedarme callada a jugar con las palabras. Hoy, me conozco y sé que prefiero un solo verso.

Ahora lo entiendo, me gusta mi propia terapia, la de las palabras de amor no duplicadas.

martes, 23 de enero de 2018

Momentos de ternura en mitad del bullicio



Me gusta esta foto tan tierna. Estoy con Juergen Foecking y con Charo Casero en Albacete, poco antes de comenzar una presentación financiera. Me parece, la foto, una buena manera de empezar el año, entre abrazos y sonrisas. Me explica (la imagen) que se puede madrugar, viajar, organizar un acto para explicar el Plan de Inversiones para Europa y quedarse con un instante amable en medio del bullicio laboral y de las obligaciones.

Probablemente, en unos meses habré olvidado las decenas de periodistas convocados, los papales sobre las diez prioridades de Europa, las claves sobre cómo conseguir financiación, tan bien explicadas por Charo Casero; o los objetivos de una Europa unida por puentes digitales y valores. Seguramente, apenas recuerde los titulares de las portadas de periódicos que hemos generado desde Medialuna para la Comisión Europea en España. Soy de memoria rápida.

Sin embargo, seguro que mantengo intacta en mi memoria la expresión de este momento. Me gusta recordar los detalles, mirar por detrás de la ventana, observar los pequeños signos de felicidad. En eso consiste vivir, en compartir con otros; especialmente si son tan bellos como los que véis. Feliz semana en mitad de enero. Parece que la cuesta empieza a ser menor. Me animo.

miércoles, 10 de enero de 2018

"Preferiría no hacerlo"


No sé por qué te escribo. En verdad, lo hago dispuesta a no ser leída, sin ánimo de cautivar o de aburrirte; enfrascada en esta tarde de invierno;agotada de tanta línea; cansada de los gritos que resuenan desde Líbano con voz de niño. Te escribo mientras espero que los independentistas catalanes acaben sacándose los ojos sin secarse una sola lágrima; entre los textos sobre la Unión Europea que parecen cánticos de amor.

Esta tarde de enero, no me importa casi nada. Solo puedo divagar, tirar de las palabras espontáneamente a ver las que me salen sin esfuerzo. Y me vienen de inmediato las más famosas del cuento de Herman Melvine, Bartleby el escribiente: "Preferiría no hacerlo". Cualquier día lanzo este genial escrito con reflexiones de empresa bajo el sello LoQueNoExiste.

Sé que la historia de mi empresa se repite en todas: Cada balance depende de la capacidad para gestionar o transformar estas tres únicas palabras, "preferiría no hacerlo" y seguir caminando como si nada, con la cabeza erguida y la frente alta.

Este es un invierno diferente, de decisiones maduras: He dejado de pedir con insistencia; no pretendo convencer a nadie, ni perderé  neuronas en proponer a otros que hagan lo que no pueden. Ya no pido a nadie que me siga, ni siento atadura alguna. Esta tarde de invierno sé que ya no quiero que se me desgaste el tiempo.

Este 2018 voy a dejar la puerta y el corazón abiertos para que entre y salga el que quiera, sin insistencias ni argumentos. Este invierno acabado en ocho, solo voy a proponer mi primavera a quien la espera.

Este miércoles frío con viento, no sé por qué te escribo, sabiendo que soy yo misma. Será mi manera de darte la bienvenida, 2018, de advertirte que no espero ni busco nada, salvo a mi misma.

El resto de propósitos los dejo para otra tarde.