martes, 26 de diciembre de 2017

Te escribo esta carta de despedida, 2017

Año creativo

Has sido  creativo, rompedor, transformador; un año de superación personal. Trabajoso, tan duro como un huevo cocido; tan esencial como tu yema . ¿Por qué te comparo con un huevo? Tal vez, porque me has costado una docena de ovarios desperdiciados y, sin embargo, en estas últimas noches que me quedan a tu lado sigo con la sonrisa intacta, conciliando el sueño con la tranquilidad de un perdón mil veces concedido.

Gracias por haberme acompañado, leído, estimulado, lastimado, piropeado, amado. Gracias por haberte cruzado en mi camino, enviándome energía creadora. De los disgustos, caídas y soledades, he aprendido a superarme. De tus alegrías, rescato la euforia de mi propia vida en forma de luna creciente, luminosa, apasionada, inspiradora.

Elijo de tu álbum personal estas dos fotos. Una, entre Sylvia, Rosa, y Sandra, ángeles de luz llegadas de lo más alto. Veo en esta imagen el color de la amistad, el sabor de una tarde de otoño diferente; veo una manera de estar en el mundo. La mía me retrata bien, en este 2017 en el que he vuelto a empezar mil veces sin miedo al qué dirán, al futuro o a mi propia existencia. Es la foto de mi libertad, siempre amada, respetada, tan digna.

viernes, 22 de diciembre de 2017

"La luna viene con nosotros"


La luna viene con nosotros, grande, redonda, pura”.  Así comienza Juan Ramón Jiménez el quinto capítulo de Platero y Yo. Solía leer este libro para dormir a mis hijos, Dani y Pablo, cuando eran pequeños. Creo que  tienen grabada a sangre esa frase del poeta de la generación del veintisiete. También yo. Me recuerda cómo, por mucho camino y distancia recorrida, la luna sigue estando igual de cerca que siempre. El burro Platero, con el que el autor comparte pensamientos y agonías, siempre lo hace alumbrado, buscando la luz.

Y Platero trota, cuesta arriba (…) sintiendo ya la tibieza suave (…) del pueblo que se acerca” y me siento tan identificada como entonces, en el principio de Medialuna. Aquí, en esta agencia de Comunicación con editorial luminosa, seguimos manteniendo la esencia del origen. Esta es una Medialuna llena de personas imaginativas que construyen sueños brillantes. Medialuna es “grande, redonda, pura”, como la de Platero y yo, como la narraba a mis hijos en las noches de esperanza.
Comparto este vídeo con vosotros, que me recuerda mi propia ilusión. Gracias por ser mi Navidad. Felices noches.

Os dejo este emotivo vídeo de felicitación de Navidad por Medialuna con la Universidad CEU San Pablo y los premiados de OCARE.




lunes, 18 de diciembre de 2017

“Hay golpes que no se dan y duelen más”

Alma de poeta, puño de campeón

Sergio Sánchez, este boxeador madrileño ganador de importantes medallas en el ring y en la vida, padre del precioso niño de cuatro años que le acompaña en la sala del Instituto New Life, no está frente a mí hablando de su trayectoria vital por casualidad. Ha venido de conferenciante con un mensaje claro para que yo logre entender mejor a mi hijo Pablo, que cumple diecinueve años esta semana. “No creo en las casualidades sino en las causalidades”, dice el boxeador. Yo tampoco.

No me conoce de nada. No me gusta el boxeo. Confieso que me produce rechazo y que, incluso, me gustaría que Pablo cambiase de afición deportiva porque la idea de que le rompan la nariz me horroriza. Aunque le sigo pagando el gimnasio y guantea a diario, este deporte no es el mío.

Intento entender la relación entre mi hijo y la pasión de este boxeador profesional por lo que hace. La encuentro: descubro que son almas gemelas en sentimientos; seres que dicen casi lo mismo y de una manera muy similar en el tono de voz, la cadencia o la mirada:

“A Dios, no lo conozco. Creo en mí mismo”, dice Sergio.

 En ese momento, mientras le escucho me ocurre lo mismo que con mi hijo: Siento ganas de decirle: “No te preocupes; aunque tú no conozcas a Dios, estoy segura de que Él sí te conoce a ti. Y te ama, eres un ser bondadoso, lleno de ternura”.