miércoles, 8 de junio de 2016

Soy hija de mi padre

Hoy cumplirías ochenta primaveras. Hace más de diecisiete que te fuiste de la vida  y, sin embargo, no ha pasado un solo día desde entonces en el que no sintiera tu presencia. A menudo, me vienes a la memoria con el suspiro de un pájaro apoyado en la ventana de casa. Es curioso, es un pájaro que suele posarse cada noche, en el mismo lugar y a la misma hora, como si quisiera recordarme que tú sigues protegiéndome los sueños desde algún lugar del universo.

Hoy sé, más que nunca, que soy tu hija; que mis sueños de libertad, de lucha, de amor por la vida, me persiguen desde niña.Probablemente, sigo siendo esa niña que observaba admirada la alegría con la que manejabas el dinero, cómo habías logrado hacerte un buen empresario sin apenas recursos ni dinero; aquel ansia tuya por congregar a todos, ese afán por construir o por lograr ser la mejor versión posible de ti mismo, único e irrepetible. Me consta que te llevo dentro de mi como la sangre que corre por mis venas.

Celebro contigo este ocho de junio de 1936, el año en el que estalló la guerra y tú llegaste al mundo. Me quedo con tu frase definitiva, con tu carta de despedida: "Vivir la vida. Siempre os he querido y siempre os querré". Gracias. Tienes razón: No te has ido. Sigues estando en cada palmo de mi vida; intacto en la memoria, con la misma juventud, con idéntica rebeldía. Te regalo esta foto. Seguro que te gusta.
Con mi hija LUZ

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