lunes, 7 de abril de 2014

El móvil nos delata


La empresa y el teléfono. El control y la intimidad. ¿Dependencia o libertad? El equipo y el individuo. Compleja relación de ataduras, compromisos y dedicación. Resulta imprescindible.
Hoy, lo correcto, es estar localizables, disponibles permanentemente. La inmediatez está asociada a la urgencia y a la capacidad de dar un buen servicio.


Tengo en mi mesa un fijo y apenas sé cómo funciona. Nos ha cambiado la forma de expresarnos: hablamos de pie, por los pasillos, en cualquier parte. “Impera la movilidad”, apunta un alto ejecutivo del sector de la Telefonía que ha vivido intensamente durante la última década la revolución del móvil.


Los terminales 3G y las Blackberrys fueron el comienzo, luego vinieron los PDA´s (herederos de las antiguas PALM) y el IPhone. La apuesta sigue siendo la movilidad. La conectividad a Internet se da por superada. No basta con acceder al correo, enviar ficheros, ver vídeos e imágenes, escuchar música. Además, buscamos el móvil de diseño, ergonómico, con Bluetooth, cuatribanda, infrarrojos, cámara de vídeo y capacidad para fotos de más de ocho megapíxels. En fin, más que un aparato para hablar se ha convertido en nuestra carta de presentación, en un símbolo de status.

El teléfono nos delata. Identificamos con facilidad al ejecutivo eficiente, ese que llama siempre cinco minutos antes para decir que está llegando y apaga su móvil justo cuando entra por la puerta; al acompañante extrovertido, que camina mientras habla por la calle haciendo muecas en torno a un cable; al descuidado que lo tiene apagado o sin batería en el momento oportuno; a los que decoran su buzón con largos mensajes o a los sin buzón, esos tipos no dispuestos a regalar dinero extra a la compañía telefónica a costa de sus amigos ausentes. También podemos descubrir a los poetas reconvertidos que envían en formato SMS las cartas del Capitán de forma desesperada.

Un famoso relojero solía clasificar los tipos de personas en función del reloj de sus muñecas: “Este es un Cartier, un Viceroy, un Rolex o un Swatch….” Y así imaginaba sus gustos, preferencias y afinidades. Los identificaba como sofisticados, discretos, deportistas o extrovertidos. Algo similar ocurre desde hace tiempo con el móvil. Es objeto de diseños, tamaños y formas especiales que encajan en perfiles humanos determinados.

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