lunes, 31 de marzo de 2014

Se llamará Medialuna (Capítulo 4)

En la última etapa de esta empresa, Edelman, en diciembre de 1998, casi nace mi hijo Pablo. Digo casi, porque estuve hasta el último día de mi embarazo a pie de cañón, como quien dice. Mis clases de preparación al parto fueron sustituidas por reuniones de nuevo negocio, formaciones de portavoces y papeles infinitos. Salvo cuatro citas médicas de rigor, que puse a final de tarde para que nadie notara mi ausencia, todo siguió al mismo ritmo, tan intenso como el de las agencias que no paran de facturar y de crecer en objetivos. Asumía la responsabilidad como si por mi cuerpo nada hubiera cambiado, sin respiro para no defraudar a nadie.

lunes, 24 de marzo de 2014

De Gas Natural a Edelman (Capítulo 3)


Viví, en el inicio de esta marca, el desarrollo de una campaña integral de comunicación para la fusión de la antigua Catalana de Gas y Gas Madrid, en la que todo estaba por hacer: revista interna para empleados (finalmente se llamó Termia), anuncio de la nueva marca, procesos de integración de equipos catalanes y madrileños... Colaboré en el Departamento de Recursos Humanos Corporativo, donde el INI me habían destinado a realizar mis prácticas laborales por un año. 


Despachos con minifaldas

Era una empresa llena de despachos que se cerraban constantemente, y de secretarias guapas con minifalda a la puerta de cada uno. Recé, durante aquellos nueve meses de permanencia, para salir cuanto antes disparada a otro destino profesional más libre, más periodístico, más creativo o más abierto, donde no tuviera que pasar la ficha magnética al entrar.

Y la consultora de Relaciones Públicas Burson Marsteller fue mi milagro de los 25 años. Recuerdo una estupenda compañera del Opus Dei- abogada también en prácticas- que insistía en que le agradeciera por escrito la nueva oferta de trabajo de esta consultora americana a Escrivá de Balaguer. No sé si fue él o ella o el destino, pero tengo aún esta deuda pendiente, la de mandar por escrito lo que entonces me pareció un milagro.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Sobre la autoridad en la empresa


Las relaciones personales y profesionales giran en torno a este concepto: la autoridad. Quién manda, cómo lo hace y cuánto. Alrededor de estas tres cuestiones se dibujan los grandes desastres o los pequeños aciertos en las organizaciones. Ocurre lo mismo en las casas. Dentro y fuera, de la empresa o del hogar, encontramos ejemplos que ponen en evidencia esta tesis. Si quien manda lo hace poco o de mala manera, probablemente encontraremos una empresa o una familia sin rumbo cierto o con destino equivocado. Si se cometen excesos en el uso de la autoridad, tal vez encontremos trabajadores cargados de miedo; también, hijos asustados sin motivación ni confianza.




lunes, 17 de marzo de 2014

Mi primer contrato laboral (Capítulo 2)


Continúo conmigo misma, ya se lo advertí: será un acto de vanidad largo. Fue, aquel verano, con 22 años, mis dos licenciaturas terminadas, y todas las prácticas de periodista a cuestas, cuando me hicieron la primera oferta laboral en aquel mismo periódico. La duración del contrato rezaba “por cinco años”. Era un tipo de contrato de fomento del empleo que estrenaba el Gobierno de Felipe González para combatir la escandalosa cifra de paro que, también en aquellos finales de los años ochenta, golpeaba a España. 

Mi respuesta, a aquella primera oferta de trabajo, fue esta:
- Le agradezco mucho la oportunidad, pero no puedo comprometerme a permanecer los cinco años completos que dice el contrato.... 

Y la carcajada del empresario, Ciriaco Díaz Porras, aún propietario del medio, me ruborizó. Supongo que no era habitual tanta sinceridad. Con los años, lo he entendido, aunque sigo siendo bastante transparente en mis preocupaciones y temo, a menudo, no cumplir las expectativas de los demás. Aquel empresario, que tan amablemente me ofrecía ganarme un sueldo de periodista en mi tierra, creía más en mi que yo misma.

viernes, 14 de marzo de 2014

En Onda Mujer



El 6 de marzo visité Onda Mujer. Aquí puedes escuchar la entrevista íntegra.

“Para ser feliz hay que encontrar esa idea que te hace diferente o con la que puedes brillar, ofrecer o sentir que desarrollas tu capacidad. La creatividad es esa capacidad para adelantarte o ver un poquito más allá. Eso es lo que hay que hacer siempre en cualquier trabajo. Por supuesto en el mundo de la comunicación, en el que vendemos ideas intangibles, mucho más”.

lunes, 10 de marzo de 2014

Los orígenes de mi trayectoria profesional (Capítulo 1)


Voy a hablar de mi. Acto de vanidad supina. ¿Por qué no? Me interesan las biografías. Más aún las autobiografías. Son difíciles. Las escriben todos muy tarde. La mayoría, las deja inacabadas. Me gusta escribrir y, aunque yo no soy del todo relevante en el mundo o no todo lo que uno entiende por famoso, lo hago como un ejercicio de autocomprensión; una especie de terapia en la mitad del camino, si es que logro vivir otros 47 años más... Si solo hablo de mi, todo será más fácil. No ofenderé a nadie. Porque, confieso, estoy bastante cabreada. Si supiera que no pasa nada, a más de uno le pegaría una zapatillada sobre la espalda. Me contengo. Hablaré de mi misma, con mi yo más elemental con el que tampoco mantengo una relación idílica. A veces, me dejo maltratar.

Periodista o peluquera

Me pregunto por qué siempre anduve y continúo liada con varios proyectos simultáneos. Si me remonto a mi juventud más tierna, compaginé estudios en Madrid, con el trabajo de los veranos en Santander. Me licencié con 22 años en dos facultades distintas: la de Ciencias Políticas y la de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Siempre parecía tener una doble vida, con dobles clases y dobles tareas.

Las vacaciones de aquellos años universitarios las pasaba haciendo prácticas de periodista en el diario Alerta de Santander, mi tierra. O me ocupaba de esto o mi destino era la peluquería de mi padre, peinando y lavando cabezas a mansalva los julios y los agostos. Recuerdo la emoción de mis artículos firmados en aquel, entonces, esplendoroso periódico. Me parecían toda una hazaña. Más aún me lo parecieron, las simbólicas escasas pesetas que recibía a cambio.

Pensaba, entonces, y también ahora, que era yo la que tenía que haber pagado a aquel periódico por la oportunidad de dejarme escribir, de hacer lo que me gustaba: escribir, contar lo que ocurría en mi tierra.

¡Aquella grabadora negra!

Las primeras once mil pesetas de mi primer mes en prácticas me las gasté en una elegante grabadora negra. Era alargada, de cintas pequeñas. !Nunca debí tirarla! ¿Por qué carajo la tiraría? Es algo de lo que debo ocuparme en algún momento sosegdao de mi vida, si es que lo encuentro: mi necesidad de tirar lo viejo y de seguir hacia adelante, sin nostalgia de pérdida de ánimo. Tal vez, esta frialdad con los objetos o recuerdos, me ha ayudado mucho a avanzar en mi propia empresa, en Medialuna, sin bajar la guardia ni quedarme instalada en la nostalgia de lo perdido. Al frente de una empresa, uno debe mantenerse ahí, precisamente, en posición de mirar al frente; de echar la vista atrás, salvo para coger carrerilla.

Con aquella grabadora negra entrevisté a Jordi Pujol, a Espartaco, a Aznar, o al mismísimo Rostropóvich. Guardo más preguntas en mi memoria que respuestas. En una ocasión, Fernando Morán, me hizo la siguiente apreciación: 

- ¿Qué difícil es preguntar, verdad? Para hacerlo se precisa conocer parte de la respuesta, dijo.

Con menos de veinte años cubría las ruedas de prensa del polémico presidente de la autonomía, Juan Hormaechea, y de numerosos actos informativos de grandes empresas, instituciones e intelectuales de renombre que se congregaban en torno a los veranos de la Universidad Menéndez y Pelayo de mi ciudad. En ocasiones, iba en pantalón corto. Otras, vestida con la ropa de mi madre. No siempre acertaba. La juventud tiene este tipo de inconvenientes de forma.

Quería escribirlo todo

Aquellos primeros veranos periodísticos, incluidos algunos domingos como responsable de las páginas de sucesos, marcaron profundamente mis inicios en el mundo de la comunicación. Con 22 años escribía editoriales y analizaba la realidad política de mi tierra. Cuando libraba, era yo quien proponía temas al director del periódico. Quería escribirlo todo, sin descanso y sin tregua. 

Recuerdo con especial intensidad un reportaje que titulé ‘Horas Bajas en la Calle San Pedro’. Retrataba a las prostitutas de mi ciudad en plena faena. Fue realizado en una noche intensa, de bar en bar, a la caza de entrevistas espontáneas con prostitutas anónimas. Tuvimos que salir corriendo, el fotógrafo Nacho Romero y yo, de aquella calle pendiente y peligrosa, perseguidos por un chulo que amenazaba con rajarnos la barriga con una navaja!

Yo corría con miedo y emoción. Feliz, con mi libreta llena de declaraciones apuntadas a mano, de aquellas mujeres de mirada agridulce que parecían ir a menos por la droga y la falta de clientes.


lunes, 3 de marzo de 2014

Abajo el Power Point

Imagínese por un momento: Frente a un grupo de personas, se propone presentar su compañía. Le han llamado a usted y a otros tres más dedicados a lo mismo (las empresas por naturaleza son crueles en sus relaciones y/o elecciones). Tiene la necesidad de resultar ameno, simpático y encima lo suficientemente competitivo en precio como para que le contraten…Desapareció la época en la que pagar más por lo mismo o similar era casi un signo de distinción. Estamos en la era de la productividad, la eficacia y la comparación…y usted se enfrenta a una presentación.