martes, 7 de enero de 2014

Una cena con Fernando Encinar

Recuerdo bien la noche de finales de 1999 que cené con Fernando. Me contó que andaba meditando si se embarcaba con su hermano Jesús y un amigo de éste, César, en una empresa que pretendía introducir en España un nuevo concepto en la búsqueda de piso. Dijo que El Segunda Mano iba a desaparecer.

- ¿Cómo vas a dejar la Comunicación, con lo bien que se te da?, le pregunté.

- Estoy harto de las agencias. Quiero un cambio radical, dijo

Lo confieso: no me lo imaginaba entonces en otro mundo que no fuera ese, el de las Relaciones Públicas, donde habíamos trabajado juntos unos cuantos años. Cuando un amigo te cuenta un sueño, resulta difícil implicarse, visualizarle en otro contexto, con otro apellido. Tendemos a encadenarnos ante los demás. A que la gente se quede donde estamos nosotros.

A los pocos meses, muy curiosa, le visité en la primera oficina de idealista. Era un piso antiguo, amplio, señorial, ubicado en pleno barrio Salamanca de Madrid. Recuerdo que chirriaban las maderas al pisar; que había una enorme cocina, con un enorme frigorífico y pocas personas trabajando. También recuerdo la hiperactividad de un fotógrafo que iba y venía con su cámara a cuestas.

Fernando me contó que planeaban cambiarse pronto: el piso estaba resultando un completo desastre por la falta de resistencia de luz, que se iba cada dos por tres. También me contó que les estaba costando mucho encontrar rastreadores y, lo más llamativo, que andaban buscando inversores para su proyecto empresarial. Habían creado un plan de empresa, y se encontraban en ese punto de arranque en el que todo puede irse al traste o prosperar. Lo contaba alegre, sin embargo. No dejaba de sonreír.

En 2003, ya estaban en otra oficina, en la actual, al lado de las Cortes, frente al lujoso hotel Palace. Recuerdo como si fuera hoy aquella segunda visita. Me quedé impresionada con el despliegue de medios: había mucha gente trabajando; era un espacio sin paredes ni despachos, y su mesa se encontraba en medio de todas las demás. Aquel fotógrafo, el de la primera oficina, seguía allí con su misma energía.

Fernando me habló del equipo, de una manera diferente de hacer empresa, de comunicarse en el trabajo, de funcionar.

- “Aquí no hay despachos que marquen la diferencia. Es un concepto de empresa transparente. Tampoco rotación. Seguimos contratando…”, comentaba.

¿Y de qué vivís? Le seguía preguntando, tan sorprendida como la primera vez. Su base de datos aumentaba, pero no había signos visibles de negocio. Al menos, al principio. O yo no era capaz de verlos. Estrenaban un modelo de empresa completamente novedoso; un servicio de búsqueda de pisos que rompía con todos los moldes tradicionales.

Aquel 2003 fue, también, el año de Beñat, un joven licenciado que acababa de finalizar unas prácticas laborales en mi agencia Medialuna. Fernando me llamó preguntando por alguien para su departamento de Comunicación. Y le recomendé. A los pocos meses de aquella anécdota volví a sorprenderme: Beñat, el recién licenciado, estaba abriendo la primera oficina de idealista en Barcelona. Asumía, de la mano de los idealistas, una responsabilidad enorme, de la que me consta salió bien airoso: Beñat sigue trabajando en idealista, después de una década.

Cuando estalló la crisis, muchos de nosotros pudimos imaginar la desaparición de idealista del mapa empresarial. ¿Por qué no? El mercado inmobiliario estaba prácticamente en bancarrota. Sin embargo, llevamos seis años duros de crisis y, esta empresa, se ha mantenido erguida, fuerte, segura. Incluso ha crecido y se ha expandido a otros países como Italia y Portugal.

Creo que una de las claves de su éxito se esconde en la sonrisa de Fernando. Entiéndame, por favor: en la alegría de los idealistas; en su confianza; en su falta de miedo. Al principio, en el año 2000, creyeron, sobre todo, en ellos mismos. Lograron desarrollar un proyecto sin referencias. Después, siguieron creyendo en su gente, como creyeron en Beñat. Y no han parado de creer.

He sentido siempre orgullo de ser amiga de Fernando. He presumido de su evolución durante los últimos trece años, convirtiendo a idealista en el mejor portal inmobiliario del mercado. Es la actitud de su gente ante la empresa, ante la vida, ante sí mismos- esa actitud poderosa con forma de paraguas contra tempestades- la que les hace resistentes. Tal vez sea esa la esencia de su marca, lo que les distingue. Tengo que preguntárselo en la próxima cena.

Fernando, Jesús, César fueron los primeros en llegar, los visionarios. Estaban convencidos de que podían conseguirlo. No se dejaron invadir por el desánimo. Y siguen así, sonriendo. Mucho. Me consta. Ojalá muchas más empresas logren, en este nuevo 2014, mantener la alegría.

2 comentarios:

  1. Mantener la alegría es complicado tal y como están las cosas, pero está claro que hay que mantenerla porque si no, estaremos muertos.
    Sigo pensando que en este mundo hay más gente buena que mala, y que con ganas e ilusión, saldremos adelante. Pero hay que arrimar el hombro, luchar, no dejarse vencer por las adversidades y sobre todo CREER, creer que somos capaces, porque lo somos.
    Y lo digo yo, que llevo casi dos años sin trabajo y lo veo negro, pero se que saldré de este hoyo. Y gente como Fernando y como tu misma, Mercedes, me animan a ello. Gracias

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    1. Deseo que, cuando recibas este mensaje, estés trabajando o en vías de conseguir un empleo. Muchas gracias por tu confianza y tu alegría. Muchas empresas de este país sabemos que son dos factores clave para superar los miedos y avanzar. Feliz día de primavera. MP

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