lunes, 23 de diciembre de 2013

Feliz Navidad

Antes de apagar las luces de la oficina. Desde el silencio del espacio laboral de Medialuna. Con el atardecer de fondo y las teclas del ordenador a medio gas, os regalo esta felicitación navideña. En la foto, aparecen los tres años de mi hija Luz, vestida de brujita dorada durante una pasarela de modelos organizada por la agencia este año para nuestro cliente la Bruixa d’Or.  Recuerdo que lo hizo, desfilar, como si hubiera caminado por una pasarela toda su vida. Segura de sí misma, poderosa y dulce. Ella ha inspirado la postal de Medialuna de este año y, también, el deseo de luz para todos vosotros. El equipo de Medialuna me parece también así: luminoso, seguro de sí mismo y, al mismo tiempo, humilde, lleno de luz. Me gusta la paz que se respira esta tarde en Medialuna. Quiero enviarla envuelta en un paquete dorado con un soplo de viento, para que os inspire a crecer y a prosperar en 2014. Feliz Navidad.

    

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un encuentro con mi YO

Puede parecer un exceso. Incluso, algunos, lo encuentren narcisista. No me importa. Anoche, en Santander, en la preciosa librería Gil de Santander, en el acto de presentación de El genio de la botella, escrito por Miguel Ángel Aguirre, me he encontrado por fin conmigo misma. ¡La leche!, pensarán. Pues sí. Aunque no lo crean, a veces hay que volver a casa de otra manera. Les digo cómo: en otras circunstancias diferentes: sin maleta para quedarse, sin hijos ni compañía, de paso, rápido, convocando a las amigas de la infancia; a la que te acompañaba los domingos aburridos pidiendo limosna para el Domund; a la que compartió tus primeras ilusiones en una biblioteca de colegio; a la que escuchaba atenta alguno de tus sueños de juventud.

Ellas son las que saben algo de ti. Las que guardan en su memoria alguna frase reveladora que ni tú mismo ya recuerdas; las que mantienen intacto el retrato de tu yo original y vulnerable. Ha sido un acto necesario; entre amigos de la infancia y juventud que se alegraban de ver cumplidos algunos de mis sueños empresariales o sociales, a través de una pequeña editorial o de cualquier hazaña; amigos que contribuyeron, en gran medida, a que sintiera confianza para luchar por conseguirlos. Antes y ahora.

Estaban allí, sentados, en la Librería Gil de Hernán Cortés. El autor y yo quisimos permanecer de pie. Hablamos de su último libro acerca de los secretos del buen vino; también del anterior, titulado Tribulaciones de un directivo en paro. Y, sobre todo, hablamos de nosotros, de la editorial loquenoexiste que fundé en 2007 con mucho esmero; de los sueños del escritor vocacional, de la confianza. De lo que ocurre cuando ésta falta. De lo mucho que crece todo cuando, la dichosa confianza, abunda. Un acto concurrido, cargado en el ambiente amistoso de recuerdos especiales; de amigos de toda la vida, de familia, de grandes personas. Gracias a todos por haberme acompañado en este acto. Estaba segura de que lo haríais. Gracias, Miguel Ángel Aguirre, por este maravilloso paseo por mi tierra. Ha sido estupendo, incluidos los vinos y los pinchos santanderinos de Casa Lita. 


martes, 10 de diciembre de 2013

Volver a casa

Hoy presento en Santander, en la preciosa Librería Gil de Hernán Cortés, el libro de Miguel Ángel Aguirre, El genio de la botella, editado por loquenoexiste. Es la primera vez que organizo un acto en mi tierra. A pesar de ser santanderina de nacimiento y de familia, parece como si estuviera en tierra extraña, fuera de la pecera habitual de Madrid, enfrentada al reencuentro con la amiga del colegio, con la tía de toda la vida, con la hermana.

Volver a casa significa encontrarse con el yo más profundo; con esa necesidad de entenderse de una vez con uno mismo. La madurez tiene algunas ventajas si uno logra verse desde la distancia; si consigue retratarse en la clase de Física de aquella profesora que metía miedo; si llega a entender sus propios miedos. A veces, superar la infancia, cuesta la vida entera. La frase de alguien rezuma hoy en mi memoria: “la infancia es el patio en el que jugamos toda la vida”. Ya lo creo. Hoy, con el libro de Miguel Ángel Aguirre en la Librería Gil, siento que he crecido. Ya no necesito escapar, ni encontrar otra pecera en la que escabullirme. Puedo volver.

Tal vez hable de esto en la presentación, si me deja el autor. Tal vez diga lo que tengo que decir: gracias, por acompañarme después de tantos años; por seguir existiendo como parte de un yo apresurado que quería crecer a toda costa. El libro es una excusa. La mejor de las excusas para hablar de identidad y raíces. Les contaré quiénes acudieron a la presentación y lo que allí se dijo. 



martes, 3 de diciembre de 2013

¿Tu audiencia juzga, escucha o delibera?

Si alguna vez tienes la oportunidad (o el tiempo) de leer las 800 páginas del Tratado de la Argumentación. La Nueva Retórica (Chaim Perelman), seguramente encontrarás ideas interesantes para distinguir las claves de un buen orador. Importante cuestión para la venta, la de ser un orador convincente. Si pretendes serlo, es decir, convertirte en ese ser capaz de conseguir adhesiones entre el público a través de la palabra, puede que necesites algunas notas de este filósofo belga. Por ejemplo: “la argumentación implica encuentro de espíritus, para lo que se presupone un lenguaje común”. O esta otra nota: “La retórica se refiere más a la adhesión del auditorio que al contenido de la adhesión”.

Perelman define así la argumentación: “es un discurso hablado, de extensión variable, que combina un gran número de argumentos con la intención de ganar la adhesión de un auditorio. Estos argumentos interactúan con las mentes de la audiencia, reforzándose o debilitándose mutuamente...”.  Por supuesto, todo aquel orador que no estudie a su audiencia, entienda su sensibilidad, actitudes, creencias o sufrimientos, difícilmente podrá usar los argumentos adecuados. Los hay de varios géneros, según el filósofo. Entre ellos, destacan los argumentos de sucesión (el de lo probable, lo pragmático, el del precedente o el del despilfarro) y los argumentos epidícticos (los de la publicidad que elogian una mercancía, una marca o una institución) que basan su esencia en valores, ideales y emociones.

Entre los argumentos epidícticos se encuentran los que usan el ejemplo, la ilustración y el modelo, como recurso para la adhesión de las mentes. Aristóteles ya dijo que “un testigo honesto, aunque sea único, es eficaz”, por lo que -en ocasiones- ser el testigo de una hazaña y expresarlo en primera persona, puede resultar convincente en la audiencia. Recordaremos todos, probablemente, a la madre de una de los muertos en el atentado del 11M dando su versión en el Congreso de los Diputados, por ejemplo. Modelos hay, también, positivos o negativos, que sirven a la argumentación como anillo al dedo.

En estos últimos meses, hemos visto a nuestros políticos usando el caso de Bárcenas, como antítesis de una conducta reprochable, es decir usando el argumento del modelo en negativo. De hecho, en los últimos tiempos, han proliferado los argumentos basados en la emotividad, los valores de determinados modelos sociales, para conseguir adhesiones. Existe también el argumento o género argumental jurídico, en el que no quiero detenerme porque no sirve para vender, ni tampoco suelo usarlo en el mundo de los servicios.

Tipologías de argumentos hay muchas, estudiadas en el pasado por los grandes clásicos, matizadas por Perelman. Entre ellos, me gusta especialmente el argumento del sacrificio, muy usado en el mundo mercantil y de la empresa: lo que estoy dispuesto a hacer o dar para conseguir tal fin. Una vez elegidos los tipos de argumentos, queda considerar más aún a la audiencia. Dice Vico “todo objeto de elocuencia es relativo a nuestros oyentes y es siguiendo sus opiniones como debemos adaptar nuestros discursos”. Así aparece escrito en el Tratado histórico de retórica filosófica, escrito por el profesor Jesús González Bedoya en 1990 y editado por Nájera a propósito de Perelman y su sabiduría universal.

Y, llegados al punto necesario y previo, el de conocer a la audiencia para elegir argumento, conviene reflejar la memoria aristotélica para saber si nos encontramos con una audiencia que juzga, delibera o escucha. De la audiencia dependerá todo lo nuestro en el uso adecuado de la retórica.

Esto solo habla de de retórica y argumentación. Obviamente, el orador debe ir acompañado de su imagen y lenguaje corporal: voz, gestos y movimientos, se convierten también en argumentos cuando nos enfrentamos a una audiencia.