lunes, 26 de noviembre de 2012

La sinceridad en entredicho

Que ni mula, ni tampoco buey en el Belén de esta Navidad 2012, explica el Papa Benedicto XVI en su último libro, La Infancia de Jesús, presentado en Alemania y traducido a 50 idiomas ¿Y nos lo cuenta ahora? ¡Basta ya de desengaños! A estas alturas de la historia católica, deberían estar prohibidas esta clase de confesiones editadas, aunque sean historias sinceras. Muchos preferimos la mentira piadosa, el pecado menor, que no paramos de disgustos ¡Por Dios, basta ya de tanta tomadura de pelo! La cosa tiene miga: cómo se las arreglarán ahora los comerciantes de belenes, si les quitan a los bueyes y a las mulas; qué harán con estos deliciosos animales. ¿Los reciclan? La sinceridad tiene pocas ventajas. Mejor callar a confesarlo todo, aunque sea el Papa. Me pregunto si se venderán más libros este próximo diciembre de 2012 que mulas y bueyes de belenes en España. La tirada es grande: hablan de un millón de ejemplares de esta trilogía. ¡Menuda faena, la de los belenes! Menudo plan de promoción el de este libro que se presenta al mercado en el momento más propicio: dos meses antes de la celebración de estas comerciales fiestas.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Carta de amor a la vieja España

¿De qué sirve la experiencia, sin ilusión? ¿Qué es la ilusión, sino pasión por alcanzar la cima o esperanza de lograr una meta por cercana o sencilla que esta sea? El conocimiento sin ilusión es como el amor sin pasión: una especie de conversación sobre Pitágoras entre dos viejos conocidos.

Una dosis de angustia acompaña siempre a la pasión. ¿Acaso sin temor a la pérdida del ser amado puede uno sentir el placer del encuentro o del abrazo? ¿Sin placer, qué es el amor sino agonía de viejos que hablan de pasado? España necesita ilusión, que no conocimiento. Al igual que los amantes del placer, esta vieja conocida que es España reclama abrazos sin esperanza. Sin ilusión no hay metas, ni deseos de alcanzarlas. Sin temor al abandono, las caricias se espantan.

¿Cómo has llegado hasta aquí, querida España? ¿Acaso alguna vez te amaron con locura? Puede que aquella dicha inicial fuera solo interés por tu fortuna, en forma de hospitales, escuelas o subsidios. Me temo que te amaron como a una madre acomodada. ¿Te has preguntado si eres tú culpable de esta desdicha amorosa? ¿Acaso fuiste tú, España, la que dejó de amar a traición?. Razones no te falta, si te paras a pensar: no había compromiso, ni balance entre el debe y el haber, ni ganas de nada. Era una relación con faltas. Dabas más de lo debido a cambio de pocos menesteres y eso siempre acaba siendo mal asunto. Se acabó el amor a España, una tarde de verano de 2007. Entre ella (la amada España) y nosotros (los amantes furtivos) pusimos un mediador, que dijo así:

- Aquí se trata de España. La vaca no da más leche, ¡demasiado estrujadas sus mamas, poca alfalfa y mucha paja! 


¿Quién empezó primero esta desgana? Nos sentimos defraudados en silencio. Algunos la culpan de todo a ella, tan pobre, tan apagada. Bien la disfrutaron entonces, en sus años de bonanza, los que ahora buscan cobijo en faldas bien alejadas. La relación anda tan mal que hasta los catalanes dicen repudiarla. ¿Y qué le dieron a España? ¿Acaso era nuestra antes? La dejamos destrozada, sin leche y sin ganas. No la quisimos nada. MP