viernes, 20 de abril de 2012

Nos falta un sentido: el tacto

Los distribuidores convencionales de libros impresos- que no los editores, ni los autores- sufren la verdadera crisis del sector editorial de la que todos hablan con interés. Estos transportistas culturales han sido, hasta hace poco, los únicos responsables de que el libro tocable y tangible estuviera disponible en librerías, pequeñas y grandes. Los tiempos han cambiado para estos mensajeros culturales que sucumben en la nueva era digital, donde el sentido del tacto no existe, ni se aprecia; donde nada puede tocarse. Tampoco el libro, según vaticinan algunos interesados.


Ciertos visionarios tecnológicos y algunos poderosos grupos editoriales- dispuestos a conquistar el goloso mercado de la distribución del libro digital- se han convertido en los nuevos mensajeros culturales. La mayoría son expertos en informática e ingeniería de telecomunicaciones y aseguran que el libro impreso tiene los días contados. También nos consuelan- a los amantes de la literatura, a los autores y a los pequeños editores- diciendo que tendremos el libro en la nube, en formato digital, y que todo en esta zona platónica e intocable será mejor, más moderno, más fácil, más barato.

Aquellos románticos motoristas o camioneros ya no necesitarán echar gasolina ni viajar, ni visitar al librero para mostrar la mercancía tangible de su última novedad editorial. Ya no tocarán más los libros ni manosearán sus páginas. Los nuevos distribuidores, expertos en tecnología, llamados Google, Kobo, Amazon, libranda, todoebook…. tienen plataformas informáticas para vender sin menearse de la silla, en vez de camionetas.

Veteranos libreros, como Popular Libros, o grandes cadenas de librerías, e incluso grupos editoriales han querido sumarse a este movimiento llamado ebook para no perder su oportunidad en este gran lugar llamado nube, creando plataformas on line para hacer lo que otros hacían antes, pero sin vehículos ni ruedas, ni viajes, ni conversaciones. Eso sí, casi al mismo precio que los viejos transportistas: porcentajes de comisiones del 30% sobre la venta de cada producto ahorrándose la gasolina. Un chollo monumental.

Editores y libreros saben bien que, de momento, el ebook no es rentable en España porque falta cultura digital en los compradores. Pero están preparados para la nueva generación de lectores- menos tocona que la anterior- que preferirá descargarse un PDF a pasar páginas. Eso dicen. Los nuevos distribuidores tienen preparado el plato para cuando llegue la tostada, a ser posible con mantequilla y miel; confían en que el mundo, los futuros lectores, preferirán el ebook al libro impreso. El dispositivo electrónico de lectura será lo que marque la diferencia entre un libro y otro, esa funda pesada será la portada que veremos mientras viajamos en metro hacia el trabajo.

¿Aman estos nuevos distribuidores tecnológicos tanto a los libros como los antiguos transportistas? ¿Venderán más y mejores libros? Habrá que verlo. También, si los amantes (de la literatura) prefieren tocar o no tocar. Está por ver.

jueves, 12 de abril de 2012

¿Quién subirá la montaña?

La felicidad es la ausencia de miedo, dijo ayer Eduardo Punset, durante el Congreso sobre la Felicidad que patrocina Coca Cola. Parece que la ansiedad ha crecido en España durante esta crisis; que somos mucho menos felices que antes. Íbamos por un sendero, allá por 2008, con la sensación de subir una montaña soleada, sin miedo ni vértigo; sonrientes, escalando sin cesar, sin deparar en la resistencia de la cuerda, los piolets o los crampones. Montañeros de poca monta, aventureros sin resistencia, estamos hoy en la consecuencia de la mala educación, diría Almodóvar. La montaña continúa sin aspirantes después de cuatro años de descenso y, lo peor, no sabemos cómo volver a conquistarla. Hemos perdido la autoestima, aún nos duelen los golpes, las piedras despeñadas, los kilómetros desandados. Los maestros no amaron a sus pupilos ni les enseñaron la escalada. Estamos en la piel que habitamos, cargada de crueldades. En solo cuatro años hemos perdido (a) la juventud. ¿Quién subirá la montaña?