miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un deseo para 2012

Las predicciones para 2012 no son alentadoras: seremos más pobres que en 2011 y más de lo que lo fuimos en 2010, cuando la renta per capita de los españoles, según los datos de Eurostat, se situó ocho puntos por debajo de la media de los 17 países de la eurozona. ¿Estamos preparados para seguir cayendo? Auguran que la tasa de paro, esta terrible losa que nos cae sobre la espalda cada lunes por la mañana, aumentará hasta situarse incluso en el 22 por ciento. Me pregunto ¿cómo es posible soportar a los hijos sin esperanza, cobijados muchos de ellos en los techos de los abuelos; a los nietos sin proyectos; a los profesores universitarios sin mensaje de futuro; a los políticos sin discurso; a los médicos sin consuelo; a los empresarios sin facturas?

A veces es preciso llegar al fondo de los hoyos más profundos para entender que solo desde ahí uno no puede más que subir, pataleando o como sea. De la nada surgió todo y todo fue tejiéndose con hilo malo, quebradizo y traicionero hasta romperse por varios lados, mostrando agujeros terribles, algunos insalvables. Toca volver a hilar, pero con nuevas hebras más resistentes a los malos aires, menos contaminadas. Sobran los urdangarines que hacen la competencia a las empresas que seriamente venden servicios de comunicación y relaciones públicas; las mentiras de los brotes de colores, el victimismo de los que, desde la opulencia, esperan que sean otros los que vengan a salvarlos.

Dicen que es una crisis de valores. No. Es la crisis de los valores destructivos, de la cobardía, de la codicia y de la mentira; la crisis de la corrupción y el engaño de unos y otros, más preocupados por aparentar que por construir un armazón resistente; la crisis de las hebras malas incapaces de resistir en su base; la del ladrillo mal puesto y la de todos los ladrillos que no se menean salvo para salir en la foto.

Nadie vendrá a salvarnos. Tendremos que hacerlo de nuevo, volver a tejer nuestra economía con mejores argumentos: tesón, capacidad de trabajo, esfuerzo, respeto a los demás, conocimiento, interés, vocación por contratar. Cada empresario de este país, por pequeño que fuera, debería empezar este 2012 con un objetivo personal en la dirección necesaria. Este es el mío: firmar un contrato a uno de estos españoles que cada lunes por la mañana piensa que su vida pasa sin gloria alguna, a pesar de sus esfuerzos, de la confianza y la ilusión que un día tuvieron, tal vez, sus padres, sus abuelos, él mismo, la sociedad. Firmar la puerta de la esperanza a un profesional. Porque el trabajo es eso: esperanza, ilusión, proyecto de vida y capacidad para ser un hombre o una mujer libre. Que nadie nos diga lo contrario.

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