lunes, 28 de noviembre de 2011

Aprender a callar

Pitágoras exigía a sus discípulos silencio y hacía pruebas de silencio para ingresar y ser aceptados en su escuela filosófica. Debería ser una prueba de fuego, también y especialmente, para los profesionales de nuestro sector (la de callar cuando hay que hacerlo). El ser humano tarda unos cuatro años en aprender a hablar. Pero a cerrar la boca nadie nos enseña, salvo la experiencia decepcionante de las palabras inoportunas o innecesarias…

El humanista holandés Erasmo de Rotterdam dijo que los símbolos mudos pueden ser más eficaces que la palabra. Es el tema del gesto, desarrollado en ‘La lengua’ por un gran número de anécdotas y ejemplos, extraídos de la historia y la literatura griegas. Lo esencial del silencio (como gesto) para Erasmo es quizás su efecto: siempre simbólico, a la inversa que el lenguaje, que es siempre diabólico. “El lenguaje es la causa de la perturbación del reposo, de la traición del secreto, de la profanación, etc; por su capacidad de proliferar, se torna intempestivo, incluso dominador y descarado”, escribió el gran intelectual.

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