viernes, 23 de septiembre de 2011

Silencio en la empresa

El ruido ha descendido. En la oficina, en la carretera, por la subida de la gasolina, incluso en los bares. O nos estamos quedando un poco sordos (todo mi respeto y felicitación a este extraordinario colectivo que aplaude maravillosamente sin hacer ruido y que mañana, 24 de septiembre, celebra su aniversario); o la crisis también está afectando a los decibelios. Es un síntoma a considerar. El del silencio en la empresa. Las nuevas tecnologías han contribuido al cambio de sonido laboral. El teléfono ha sido sustituido en un 90 por ciento por el email. Ahora, en vez de incordiar con la llamada a cualquier hora, mandamos un correo electrónico, que no molesta, que nos permite borrarlo de nuestra lista sin explicaciones o contestarlo a las tres de la madruga una noche de insomnio. Verán cómo una llamada se convertirá, en poco tiempo, en un hecho relevante en la oficina que despertará la curiosidad de todos. Porque las madres son las únicas que quieren escucharnos. Los clientes prefieren leernos, cuando ellos deciden. Si les da la gana. A su debido tiempo. ¡Quién nos hubiera dicho esto hace 20 años! El silencio significa siempre.

 


martes, 6 de septiembre de 2011

Entrevista en MIA (junio de 2011)

Debajo podéis ver una entrevista para la revista MIA en relación a las cuotas existentes en el mundo de la política y su traslado al ámbito empresarial.


viernes, 2 de septiembre de 2011

Relaciones (in) humanas

No es fácil relacionarse en la empresa. Tampoco en casa. En realidad no es fácil relacionarse en ninguna parte. Pero sí imprescindible y necesario hacerlo para subsistir. Incluso mal, mejor que la nada en materia de relaciones humanas y de comunicación. Una de las novelas que a menudo suelo recordar, Bartleby, el Escribiente, del autor americano Herman Melville (publicada en 1856) me viene de vez en cuando a la memoria. El jefe, un abogado de Nueva York, le dice al empleado Bartlebly: “haga usted esto”. Y el susodicho, despacio, sereno, lentamente, le contesta: “preferiría no hacerlo…”, así en numerosas ocasiones; hasta que ya desesperado el hombre decide expulsarlo de su empresa y éste, de nuevo, con gran serenidad, sin moverse de su silla de trabajo le repite: “Preferiría no hacerlo”. 

¿Cuántas veces ocurre esto? A menudo la comunicación es así, en casa, en el trabajo. El no soterrado, oculto, la negatividad abunda más que el sí, especialmente en estos tiempos (¿o tal vez esta actitud ha influido en que los tiempos sean así?). Por algo se han hecho leyes en materia laboral. ¿Cuestión de liderazgo o de afectos? ¿De autoridad o de entendimiento? En cualquier caso, qué difícil es relacionarse. Incluso para los que hemos hecho de esto nuestra profesión, las Relaciones Públicas.

Portada de Bartleby, el escribiente  (Nordica Libros)