martes, 3 de julio de 2018

El amor sí tiene orgullo y no calla

Hace días que no te escribo. Te tengo descuidada; como tantas, te dejas para cuando ya no  queda tiempo pendiente salvo tu noche. Soy yo. Te reconozco, sabes que me escribo a mi misma, que escribir es mi propia terapia.

Me consta que me lees, que esperas algún mensaje de ánimo; alguien que te recuerde quién eres (" una mujer poderosa, amorosa y abundante"); que asegure que el tiempo no te arruga el alma ni te desacredita. Gracias por tus palabras. Es cierto: puedes con todo lo que te echen encima. Mira lo que has conseguido en solo dos décadas: tus hijos en marcha, tu casa bien limpia, tu niña mimada, la sonrisa intacta. Claro que sí. En realidad, las tragedias no tienen nada que ver con las grandes decepciones cotidianas. Hoy, estás aquí, y mañana bailando salsa. Confía. Las tragedias las carga solo el diablo, pero a ti te acompaña Dios.

Las tragedias son como las de Manuel Azaña, el hombre que tuvo que esconderse de todos, huyendo de la guerra más incivil de España. Leo El holocausto español, odio y exterminio en la guerra civil y después (Paul Preston) y me estremece tanta amargura: "Esto sí que no lo aguanto", dijo Azaña poco antes de morir al conocer, ya en su exilio en Francia, el asesinato de su cuñado a manos de los franquistas. Cuánto odio concentrado hace apenas unos años en esta España.


Los odios colectivos me aterran. Casi nunca suelo percibir los individuales. Toca combatir, desenterrar los males, desinfectar las heridas del pasado, hablar de ellas para poder cicatrizarlas. No se pasa un mal solo por obviarlo. No entiendo un luto sin llanto, porque, en algún momento, ese dolor no curado resurgirá en forma de rabia,como las heridas que sangran y sangran.

Toca desterrar al símbolo del holocausto español, sacarlo fuera, mostrar el daño del germen de un terrible odio colectivo, para que nunca resucite en el mismo lugar, para sanar en alguna medida nuestro holocausto. Conviene echarlo de nuestras almas, que deje de estar en  tierra compartida.

No me da la gana de callarlo. Me niego a perdonar sin tener curado el daño; la gasa sobre la herida infectada agrava el mal. Perdono, pero solo después de entendido el daño.

Todos los muertos se lloran en algún momento de nuestra vida, como yo lloré a mi padre, día, tras día, noche tras noche, durante tantos meses que me quedé sin ganas, renovada, aliviada de tanto llanto. Me niego a no llorar cuando toca hacerlo. Es demasiado cruel tapar al muerto; hasta inhumano que quede en la cuneta sin bendición ni consuelo. Llorar es, simplemente, la manera más humana de ser, simplemente, humanos. Es cosa de verdaderos hombres y de mujeres verdaderas.

Llorar sirve para curar el alma. Desconfío de todo aquel que nunca llora ni recorre su alma en busca de consuelo. El que no llora, sin duda alguna, no ama. Y ¡ay del que no ama! Desconfía del que no ama porque es capaz de generar tanto dolor como el que mata.

Desconfío del que calla o esconde a sus muertos, del que no menciona el nombre de su amado, enterrado en cualquier armario de la casa; del que dice no temer la muerte, porque en realidad teme a la vida. El amor sí tiene orgullo, es el mismo orgullo de feminista contra la Manada, el orgullo de todos los que aman al ser humano por ser, simplemente, humano, sin género de dudas, sin edad, sin armarios ni barreras. Todas son emocionales; pocas veces físicas.

Este es nuestro último título en LoQueNoExiste: Sin barreras, sin armarios, escrito por Jesús González  Amago. Lo que está promocionando estos días Medialuna. Me siento orgullosa de haberlo cobijado en mi sello justo en la semana del amor, contra el odio. 

Sígueme en @MPpescador y dame tus opinión..

lunes, 11 de junio de 2018

(Tú) propósito de vida

¿Quién soy en realidad? Tal vez, haya construido mi identidad por imitación, como tú, como tantos. Soy "hija de mi padre", según determinó Alicia Kaufmann, en Mujer, poder y dinero (LoQueNoExiste, 2014). Tengo suerte de que esta imagen paterna, guardada en mi memoria desde niña, me siga gustando: empresario, generoso, amigo de sus amigos, poeta inconsciente o sin escuela.

Intento describirme ahora, por si me hubiera equivocado de destino construyendo un yo ficticio o estuviera enmascarada en otra piel ajena, equivocada. Quiero ser yo, en esencia. Nadie más. Por eso, debo cuestionarme, hacerme la pregunta del propósito de mi vida.

Rasco en mi infancia para descubrirme en tres secretos: mis valores, alguna habilidad, y mi pasión más tierna. Son las tres preguntas claves para entenderme como ser humano. Es una cuestión que también afecta a las empresas, a Medialuna, a la editorial LoQueNoExiste, a las grandes corporaciones y a las pequeñas organizaciones. En el ámbito de los negocios lo llaman, de formas variadas: misión, posicionamiento, con el fin de que muchos individuos se sumen al reto y se identifiquen con la marca. Cada equipo humano configura una personalidad propia que, cuando resulta auténtica y se encuentra en armonía, funciona. El problema son, aquí también, en el mundo de los negocios, las máscaras.

Vuelvo a la primera persona. Sabes que desde mi, también tú puedes descubrirte. Somos seres conectados. Si yo me entiendo, podré también entender tu vida y viceversa.

Desde niña, lo escribía todo, incluso con la yema de mi dedo índice en el vapor de las ventanas de la cocina de casa. Me recuerdo haciendo palabras en el cristal vaporoso, en los días de lluvia y de inverno, dibujando castillos, redactando mi destino mientras mi madre hervía el cocido. ¿Qué valores me inspiraban entonces, con seis o siete años? El afecto, la hermandad, la cercanía del otro, la compañía. ¿Cuál era mi pasión, aquello a lo que dedicaba mucho tiempo sin darme cuenta? Me pasaba las tardes pensando y escribiendo.

-"Un día escribiré una novela", me prometí.

Aún sigue pendiente el primer capítulo y, sin embargo, he generado el ambiente idóneo para hacerlo.
A menudo, observo personas dormidas; sin encontrar la razón para sus propias vidas.

Cuando crecemos, solemos olvidar quién somos, enmascarados en roles varios, uniformes de trabajo o etiquetas impuestas. Esta mañana he preguntado a mi hija Luz si sabe para qué vino al mundo. Tiene siete años y claridad de ideas: "Estoy entre dos cosas", ha dicho, "o disfrutar o bailar". Se pasa el día bailando en casa. Quiero acompañarla. Me he apuntado salsa para no perderme su vida :)

viernes, 8 de junio de 2018

Si naces martillo, los clavos te caen del cielo


Los sueños se cumplen. Si he nacido martillo sé que los clavos me caerán del cielo. Lo meritorio es la espera. No claudicar en la escasez. Confiar siempre. Los mensajes recientes me lo confirman: el de Pedro Sánchez suena a evidencia. Se leyó Hombres por la igualdad – escrito en el momento exacto por Nuria Coronado y editado oportunamente por LoQueNoExiste - y, en contra de todos los pronósticos, ganó. Ha sido, el suyo, un desentierro apoteósico.

La foto de las once ministras y los seis ministros con el ídolo en el centro es la prueba de que le gustó el libro (y si no mira su tweet), de que ha entendido lo que Las feministas queremos y, lo más importante, de que sigue las sabias lecciones de Isabel Mastrodoménico, autora de este título recién lanzado.

Lo sabe mejor que nadie el abuelo Valentín, el autor más longevo de LoQueNoExiste. Para eso ha vivido y soñado noventa primaveras. Nunca perdió la fe en la vida. Ayer, la periodista Nieves Herrero, durante una entrevista en Onda Madrid, propuso nombrarle presidente del Reino de los niños y organizar un acto de homenaje. ¡Qué gran idea¡. El reportero Rafa Rodrigo quiere seguir el hilo de una historia que él mismo comenzó y está dispuesto a desarrollar la idea.

Yo apoyo la causa de la infancia. Estaría dispuesta a fundar el Partido de los Niños de España con este gran hombre a la cabeza. Valentín Huerta, como buen sabio, tornero de profesión durante toda su vida, dice que “un país que no cuida a sus niños y niñas es un país podrido”.

Estoy recibiendo mensajes reveladores estas semanas de lluvia y tormentas. Me siento, sin embargo, en una jaula de papel; peleando, atrapada en miserias humanas, dispersa. El mío, mi sueño, siempre ha estado claro: Generar riqueza promoviendo el talento; no es un sueño unitario, sino colectivo. Solo con un equipo comprometido, alineado en este mismo fin, puedo conseguirlo. Lo demás son piedras en el camino.

No siempre he sido tan radical como el flamante presidente Pedro Sánchez. Me cuesta demasiado cortar las cuerdas, saltar al aire, romper con la mordaza. Toca no mirar al suelo sino al cielo y, sin embargo, cuánto pesa levantar la cabeza, despegarse de las cuerdas que a menudo tiran hacia abajo. Todas son demasiado humanas, desconfianzas en forma de intereses varios.

Entiendo un poco más la vida y, sin embargo, percibo que, para seguir soñando, como Valentín, para cumplir mis sueños, debo permanecer despierta, consciente de mi poder, creída de ser el martillo que finalmente servirá a su cometido. Cuesta remar entre marejadas. Este es, sin embargo, el papel de quien se dirige a una meta: Creer cuando nadie cree, seguir cuando parece imposible, resistir ante las resistencias.

Nieves Herrero preguntó durante la entrevista de Onda Madrid si costó convencerme de ‎editar #loscuentosdelabuelovalentín. Si hubiera estado dormida, hubiese respondido esto: “Es un libro caro que se vende barato; imprimir a color cuesta un riñón, toca crear un amplio equipo, contratar ilustradora, director artístico. Las ventas no siempre compensan”. Sin embargo, hice del sueño de Valentín el mío: editar sus cuentos para que “cuando yo no esté quede mi palabra”.

Todos los sueños se parecen unos a otros. El mío- generar riqueza con el talento- me emociona la vida. Por eso, me toca estar presente, ser visible, declarar en alto este propósito de vida; lanzar el mensaje al universo de la mano de @medialunacom, para que, por arte de magia, los clavos caigan del cielo,entre libros y campañas de comunicación. Todo está escrito.‎ Será, por eso, la palabra la que desvele el misterio del martillo y el clavo.

Gracias por tus ánimos y comentarios @MPpescador

miércoles, 16 de mayo de 2018

Por qué cuento intimidades en este blog

Me da la gana. Aspiro a escurrirme de etiquetas relativas al tamaño, la edad sentimental, el grosor de la facturación o el tipo de empresaria o de mujer. ¿Cuántos sois en Medialuna? ¿Qué clase de libros editas en LoQueNoExiste? ¿Son hijos del mismo padre? "

"Conviene vivir con unas cuantas respuestas; hacerse pocas preguntas" me advirtió recientemente mi amigo psiquiatra, Francisco Alonso Fernández. Estoy bastante de acuerdo, Paco; conviene cuidarse de la vida. Es demasiado misteriosa.

"Lo esencial del carnaval no es ponerse la careta sino quitarse la máscara". Lo sé. A menudo, observo con curiosidad personas camufladas en uniformes de trabajo, vestidas de títulos nobiliarios o cargos diversos. A menudo, me paro a imaginar qué esconden detrás, en lo hondo de sus corazones. En cada uno me veo yo, queriendo ser lo más yo posible, sin slogans.

Este blog es un espacio en el que pienso de estas cuestiones. Tal vez, pronto, lo deje colgado en la nube sin enlace a Medialuna o a la página de LoQueNoExiste. Me consta que es cada vez más confidencial y- aunque esté convencida de que todos en esencia somos iguales y que hablar de mi significa hablar de ti, de él o de ella;- conviene ser prudente. ¿o no?

Esta noche de San Isidro navego como tantas en las profundidades de mi vida. Asusta, la vida. Por eso, de vez en cuando, me alegro de tener caretas a mano y de salir a la calle a ejercer de eso que todos esperan: de empresaria, de madre, de trabajadora, de ama de casa, de editora. Es tranquilizador tener un uniforme de faena para andar por el mundo.

Escribo para entenderme. Pura necesidad. Aunque narre vidas ajenas, siempre me cuento a mi misma. Lo que interpreto, escribo o veo en otra persona no es más que mi propio reflejo; así que para qué me voy a andar con disimulos. Prefiero usar este blog como un diario para conocerme.

Esta noche estoy pensando en el abuelo Valentín. Es el abuelo que todos quisiéramos tener; ese que te cuenta historias que empoderan; con las que duermes seguro, esperanzado.  Los cuentos del Abuelo Valentín no se parecen en nada a los del hombre del saco. ¡Cuánta crueldad!

Estoy orgullosa de ejercer como editora con este extraordinario ser humano. El próximo 26 de mayo, a las doce de la mañana, presento su libro de cuentos infantiles en el centro Cultural de Sanchinarro. Quiero llenar el auditorio de niños, padres y amigos dispuestos a escuchar los cuentos que todos merecemos escuchar: esenciales, humanos, auténticos.

Los cuentos del abuelo Valentín son como él: naturales, valientes y están ilustrados por la pintora Marta Cáceres, la mamá de Olaya, amiga de mi hija Luz. Me gusta esta foto, estoy con el abuelo Valentín y con Carolina Orihuela firmando el contrato de la editorial. Un momento emocionante para todos.

Os dejo aquí la invitación para que traigáis a todos los niños posibles (entrada gratuita) el próximo 26 de mayo. Mi nuevo autor fue tornero toda su vida y se hizo cuenta cuentos al jubilarse, solo por amor a los niños. El abuelo Valentín es ya un gran escritor que ha cumplido su sueño de ver editados sus cuentos por una editorial. Es, también, el niño que nunca dejó de ser. Puro amor.


martes, 8 de mayo de 2018

Qué queremos las feministas


Emocionante momento. Foto de este martes ocho de mayo en la agencia Medialuna: Retrata el recibimiento del libro recién impreso de Isabel Mastrodoménico, Las feministas queremos (loQueNoexiste). Huele a papel de liar, a compañerismo, a esperanza. Es un libro alegre, morado, entre sonriente y serio, con doce respuestas claras. Es la verdad contada para todos: hombres y mujeres de cualquier edad y condición. El feminismo, tal cual, como expresión de libertad y de vida. ¿Qué queremos las feministas? Pues ni más ni menos. Ni menos ni más: brillar, como tú, como yo, para eso hemos nacido.

Cada vez que abrimos la caja de un nuevo libro LoQueNoExiste, en especial si es de la colección Talento femenino, siento que hasta los disgustos tienen sentido. Cada título de esta colección del empoderamiento es una esperanza, una oportunidad vital para entenderme. Sigo creyendo que las palabras pueden mejorar una vida o matarla. Soy mi verbo, lo que digo y lo que callo. Pronto, este precioso libro, prologado por Nuria Varela e ilustrado por Mónica Rivas, estará en boca de muchos, para entender que el feminismo es sentido común; que las feministas queremos "que se respeten nuestros Derechos Humanos".

Gracias infinitas a nuestra autora, Isabel Mastrodoménico y a todo el equipo de Medialuna y de LoQueNoExiste por hacerlo posible. Nos hemos emocionado al abrir las primeras cajas que irán con destino a las librerías esta semana.
https://lanzamiento.medialunacom.es/las-feministas-queremos/